Un denuedo

Un denuedo, como la mayoría de ellos, suele disolverse en la futilidad del espacio-tiempo; ¡cuantimás un denuedo de escritura en el mundo virtual!, y es que, como todos los que me conocen saben ya, desde que iniciaron las redes sociales yo he vivido una relación un tanto bizarra con ellas: por un lado, la corriente de abrir perfiles en las diversas redes atacaba mis ansias de compartir con amigos que ya lo habían hecho antes, pero por el otro, mi agudo sentido crítico reprendía semejantes atrevimientos en contra de una moral auto-impuesta de mesura social.

Pues bien, como ha sido de esperarse, mi agudo sentido crítico termnó por ganar la batalla absurda y personal de dejar de ser protagonista de algo tal como las redes sociales; que bien utilizadas serían un grandioso medio de difusión de sutilidades, pero que tristemente se han convertido para el grueso de la población mundial, en un escaparate dantesco lleno de banalidades y egocentricidades.

En fin, el tema es que, lejos al fin de ese tumulto de imágenes, “amigos” y publicidades con altares dedicados a los egos vanidosos de los contactos, me vine a refugiar a un espacio un tanto escondido, pero que asegurará que quien me busque por el interés de mis escritos me encuentre y me lea, sin más de por medio.

Bienvenidas sean aquellas pupilas brillantes ávidas de órdenes lingüísticos desacostumbrados, siéntanse en la comodidad de su hogar en este denuedo, al fin y al cabo, todo es de cristal.

Cristales

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